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Calostro canino y su importancia en la supervivencia del cachorro

Calostro canino
ssopach (flickr.com)/CC BY-SA 2.0

El calostro canino constituye la primera secreción producida por la glándula mamaria de la perra luego del parto. Difiere de la leche propiamente dicha tanto en aspecto como en composición.

La ingestión de calostro canino por el cachorro lactante en sus primeras horas de vida representa un mecanismo inmunitario fundamental para su supervivencia. Explicaremos la importancia del calostro canino en el desarrollo de la especie.

Tipos de inmunidad

De acuerdo a su origen, los mecanismos de defensa utilizados por el sistema inmune pueden clasificarse en procesos activos o pasivos. Los procesos activos comienzan cuando el sistema inmune completa su desarrollo y es por lo tanto capaz de responder a la presencia de agentes inmunógenos. Estos agentes puede provenir tanto de preparados vacunales como de patógenos ambientales, y el sistema inmunitario responde a ellos por medio de la producción de anticuerpos o de la activación de células específicas.

La inmunidad pasiva, por su parte, está compuesta por los anticuerpos transferidos por la madre hacia la cría en su fase gestante y durante la lactancia a través del calostro. El animal recién nacido presenta un sistema inmune que aún no completó su desarrollo y es incapaz de defenderse. Esta transferencia de anticuerpos resulta por lo tanto crítica para la supervivencia del cachorro en sus primeros días de vida.

Inmunidad en perros neonatos

Cuando hablamos de inmunidad en neonatos nos referimos específicamente a los mecanismos inmunitarios con los que el cachorro cuenta al momento del nacimiento. Durante ese período estos mecanismos están representados únicamente por los anticuerpos transferidos por la madre. Esos anticuerpos son, por lo tanto, herramientas muy valiosas que le permiten al recién nacido defenderse de peligrosos patógenos ambientales.

Para que la transferencia de anticuerpos maternos sea posible, existen en el reino animal dos mecanismos o vías bien estudiadas: el pasaje de anticuerpos de la madre al feto a través de la placenta o su incorporación por medio de la ingestión del calostro.

Dadas las características de la placenta en la especie canina, sin embargo, el pasaje de anticuerpos por vía transplacentaria es nulo o despreciable. Veremos de qué se trata:

En los mamíferos, los tipos de placenta se clasifican teniendo en cuenta características tanto histológicas como anatómicas. La clasificación histológica se basa en la cantidad de barreras que se interponen entre la sangre materna y la fetal. Estas barreras provienen tanto de los tejidos uterinos de la madre como de las envolturas fetales de su cría, y son las que dificultan la transferencia pasiva de inmunidad por la vía placentaria.

Dentro de esta clasificación, la placenta canina -así como en el gato- se considera “endoteliocorial”. En este tipo de placenta, las barreras están representadas por el corion (membrana) fetal y el endotelio vascular de la mucosa uterina o endometrio. Ambos tejidos representan importantes obstáculos para el pasaje de anticuerpos maternos, y convierten al calostro canino en el principal recurso de la especie frente a los primeros patógenos.

Qué es el calostro canino

El calostro canino es la primera secreción mamaria que aparece en la hembra que ha gestado, inmediatamente luego del parto. Difiere de la leche propiamente dicha tanto en aspecto como en composición.

El calostro canino comienza a producirse en el interior de la glándula mamaria de la perra días antes del nacimiento de la camada. Posee un color más claro y amarillento que la leche, y está compuesto por gran cantidad de nutrientes y diferentes tipos de inmunoglobulinas (Ig). Estas inmunoglobulinas corresponden a los anticuerpos elaborados activamente por la madre durante su etapa gestante; llegan desde la circulación sanguínea al interior de la glándula por medio de receptores específicos. Entre las inmunoglobulinas predominantes del calostro canino se destacan la IgG en mayor porcentaje, seguida por la IgA.

Absorción y funciones del calostro canino

La absorción del calostro y, particularmente de las inmunoglobulinas contenidas en él, es posible gracias a la marcada permeabilidad del epitelio intestinal del cachorro en sus primeras horas de vida. Esta difusión de moléculas enteras de anticuerpos desde la luz intestinal hasta la circulación sanguínea ocurre solamente durante las primeras 12 a 16 horas posteriores al nacimiento. Luego de ese periodo el epitelio del intestino completa su maduración y se vuelve impermeable a las inmunoglobulinas. Esto hace que el tiempo transcurrido desde el nacimiento del cachorro hasta la ingesta de calostro sea una variable crítica para su máximo provecho.

En el tracto digestivo, el calostro canino participa no solo en la maduración del órgano sino también en el desarrollo de inmunidad local intestinal por medio de las inmunoglobulinas atrapadas en su interior.

Además de los mencionados anticuerpos, otros componentes del calostro -de naturaleza menos específica- participan con igual relevancia en la protección del animal recién nacido. Entre ellos se destacan diferentes enzimas como la lisozima y lactoferrina, y numerosas citoquinas fundamentales para la respuesta inmune mediada por células.

Calostro canino y primeras vacunas

La protección del cachorro por los anticuerpos maternos comienza a declinar durante las primeras semanas de vida, y es allí cuando se hace necesaria la implementación de un plan de vacunas. Existe, sin embargo, un período considerado crítico entre la reducción de anticuerpos y el momento en que se empieza a vacunar.

El periodo crítico aparece cuando la concentración de anticuerpos circulantes ya no alcanza para proteger al animal pero permanece aún en cantidades significativas capaces de neutralizar los agentes vacunales. Cuando los anticuerpos incorporados por medio del calostro neutralizan los preparados vacunales, la vacunación pierde efecto y el animal queda desprotegido.

Este periodo crítico es variable entre individuos y depende de la inmunidad transferida por la madre, la cantidad de calostro ingerida, el estado del animal, entre otros. Los protocolos vacunales deben contemplar estas diferencias individuales y eludir el periodo crítico del cachorro mediante la aplicación de dosis múltiples.