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Dolor en perros ancianos: métodos para su valoración y manejo

Dolor en perros ancianos
Emmanuelle Bonzami (sp.depositphotos.com)

El manejo del dolor se ha convertido en un campo de estudio específico dentro de la medicina veterinaria. Los animales pueden manifestar dolor por diferentes causas y a cualquier edad, pero el dolor en perros ancianos es una de las presentaciones que más interesa y preocupa.

El dolor en perros ancianos aparece como resultado de enfermedades o trastornos de tipo crónicos característicos de la edad.

Comprender el mecanismo, su causa y magnitud, son pasos indispensables para el manejo terapéutico del dolor en perros ancianos.

Conceptos sobre dolor

Existen diferentes conceptos o interpretaciones para definir el dolor. En la mayoría de los casos, están basados en una “sensación”, identificada como desagradable o no deseada, pero que es biológicamente necesaria.

En medicina veterinaria resulta difícil hablar de sensaciones, ya que los animales no pueden expresarlas verbalmente. Sin embargo, esto no indica que no puedan experimentar dolor.

Actualmente, el dolor en los animales puede ser identificado y medido por observación de signos y métodos más específicos.

Mecanismos fisiológicos del dolor

El dolor se asocia a una lesión real o potencial, y puede a su vez ser nociceptivo o neuropático.

El dolor nociceptivo se asocia a lesiones sobre piel, músculo, articulaciones y vísceras. Todas estas estructuras presentan receptores y circuitos nerviosos específicos que conducen el estímulo doloroso, responden y regulan dicha respuesta al dolor.

El dolor neuropático ocurre como resultado de una lesión o trastorno funcional en el sistema nervioso.

Por otro lado, el dolor en los animales aparece tanto en forma aguda como crónica. La forma aguda es considerada una respuesta biológica necesaria por su función protectora. Intervienen mediadores que estimulan, y otros que inhiben la sensación de dolor de manera controlada y regulada. En el tipo crónico en cambio, el estímulo doloroso persiste sorteando los mecanismos inhibitorios que controlan la respuesta al dolor.

En animales gerontes, esta última es la presentación más común y se debe principalmente a enfermedades características de la edad.

Causas y signos de dolor en perros ancianos

Existe una serie de signos inespecíficos o generales que pueden considerarse como alarmas o señales de dolor en perros ancianos. La mayoría de estos signos pueden presentarse también en animales jóvenes con dolor tanto agudo como crónico.

Entre ellos podemos mencionar: cambios de comportamiento, vocalización, aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, pupilas dilatadas (midriasis), menor tolerancia al ejercicio, alteraciones en la movilidad, etc.

Dentro de las causas más habituales que provocan dolor en perros ancianos, en su forma crónica, se encuentran: artrosis, enfermedades inflamatorias crónicas, enfermedades de los discos intervertebrales, neuropatías, miopatías y distintos tipos de cáncer entre los que se destacan los asociados a tumores óseos primarios o metastásicos.

En todos estos casos, el correcto diagnóstico y tratamiento, tanto de la causa como del dolor, son indispensables para la recuperación del animal y para garantizar una mejor calidad de vida.

Recursos para el diagnóstico de dolor en perros ancianos

Luego de un examen físico general y particular del animal, el veterinario podrá valerse de diferentes métodos que le permitirán hacer un diagnóstico y graduación del dolor en perros ancianos.

Si bien existen parámetros considerados básicos que se utilizan para interpretar la presencia de dolor en los animales, actualmente es posible profundizar dicho estudio utilizando escalas de referencia internacional derivadas de la medicina humana.

Las propuestas o protocolos para abordar el diagnóstico específico del dolor son muchas y variadas, pero la mayoría incluye cuatro puntos básicos: la examinación por parte del veterinario, la medición de marcadores biológicos de dolor crónico, la apreciación del propietario sobre cambios de comportamiento, por último las herramientas clínicas específicas para su valoración.

Marcadores biológicos

Ciertas variables, algunas de las cuales ya han sido mencionadas, pueden utilizarse como marcadores fisiológicos de dolor: presión sanguínea, frecuencia cardíaca, respiratoria y la determinación de los niveles plasmáticos de cortisol. Sin embrago, la alteración de estos parámetros puede ocurrir también ante situaciones de miedo, estrés o ansiedad, convirtiéndolos en datos algo inespecíficos.

La determinación de dolor crónico podría realizarse también mediante la utilización de marcadores bioquímicos, sin embargo es este un tema sobre el cual todavía se está investigando.

Observaciones del propietario sobre cambios de comportamiento

Se considera actualmente la herramienta de valoración de dolor crónico más útil dentro de la clínica veterinaria.

Dentro de las observaciones más comunes, se encuentran: disminución o pérdida de capacidad para realizar actividades consideradas rutinarias, aparición de conductas no habituales como vocalización, alteraciones en la marcha, etc.

Se debe tener en cuenta que existe variabilidad en la respuesta o adaptación al dolor crónico entre las diferentes razas, o de acuerdo al temperamento del perro. A su vez, debe considerarse que existen otras situaciones como trastornos neurológicos o metabólicos, que producen cambios en la locomoción o conducta del animal, y pueden atribuirse erróneamente a una condición de dolor.

Si bien las observaciones del propietario contribuyen significativamente en el diagnóstico de dolor en perros ancianos, es necesario organizar esa información para poder cuantificarlo y categorizarlo más objetivamente.

Herramientas de medición clínica

Existen diferentes cuestionarios que se utilizan como instrumentos de medición de dolor que han sido validados y adaptados para su uso en animales. La mayoría se basa en observaciones de cambios de conducta, alteración en la movilidad o amplitud de movimientos, respuesta a la presión sobre la herida, evaluación de parámetros fisiológicos, entre otros.

Los cuestionarios siguen un orden e indicaciones específicos y deben realizarse en colaboración con el propietario. Entre los diferentes puntos a ser evaluados se incluyen: capacidad para jugar, correr o subir escaleras, higiene, interacción con otros miembros de la familia, función digestiva, apetito, manifestaciones de ansiedad o estrés, apreciación de la calidad de vida, etc.

Estos métodos utilizan tablas y escalas mediante las cuales, a partir de los resultados obtenidos, es posible categorizar y cuantificar el dolor en perros ancianos, así como en otros animales de diversas edades.

Tratamiento del dolor en perros ancianos

En el tratamiento del dolor y específicamente el dolor crónico en animales, existen diversos fármacos cuyas dosis y categorías deben considerarse de acuerdo a la especie y la edad.

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) se incluyen entre los más utilizados en perros.

Deben utilizarse responsablemente, considerando realizar controles de toxicidad hepática al inicio del tratamiento y a intervalos regulares durante su uso. A su vez, deben ser utilizados con precaución en pacientes con enfermedad renal.

Para otros cuadros específicos o situaciones en las cuales los aines no resultan suficientes o deben discontinuarse, es posible recurrir a los analgésicos opioides.

La medicina veterinaria cuenta además con otros recursos como la fisioterapia, acupuntura, homeopatía y demás métodos complementarios para la salud animal, que serán excelentes aliados en la recuperación y bienestar del perro con dolor.

Consideraciones finales

Como ocurre en otras especies, el tratamiento del dolor en perros ancianos representa un trabajo conjunto, en el que participan diferentes profesionales y especialidades dentro de la medicina veterinaria.

Tanto el diagnóstico como el tratamiento del dolor en perros ancianos debe realizarse en forma individualizada, y los resultados no deben extrapolarse a otras especies o razas. Se dice que se trata “un geronte con dolor” y no “dolor en un geronte”.

Tan importante es el diagnóstico y tratamiento de la causa potencial que provoque el dolor, como el manejo específico de este último. El dolor no tratado representa un conflicto ético. Incluir el manejo del dolor en toda condición que lo requiera, facilitará la recuperación del animal otorgándole bienestar y una vida digna.