Genética canina

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En la cría de perros de raza es necesario tener ciertos conocimientos de genética canina, su estudio y la puesta en marcha en determinados programas de cría son fundamentales para lograr un éxito en la descendencia de futuros cachorros. Es una tarea ardua y no exenta de complicaciones en la medida que existen unos 10.000 genes implicados en la creación del perro, su interacción y transmisión de caracteres en generaciones posteriores, unido a la labor de selección por parte de criadores experimentados, ha posibilitado la creación de una gran multitud de razas caninas.

Cuando se parte de una base consolidada en la selección y cría de perros de raza, probablemente ya existe un material genético optimo para trabajar y conseguir buenos resultados. Determinados genes siempre se presentan en homocigosis y son los responsables de que el cánido pertenezca a una determinada casta. Si queremos mantener su pureza, es necesario que ambos progenitores pertenezcan a la misma raza, de lo contrario, si se realizan cruzas entre ejemplares de distintas casta, alteraremos su material genético o genotipo y el animal dejará de ser catalogado como perro puro, ya que habremos modificados los genes que deberían mantenerse invariables. Es lo que se denomina heterocigosis, es decir, la genética trasmitida ya no es idéntica.

Los genes se heredan en pares: 50% de la madre y el 50% del padre; a su vez, los alelos son las formas en que puede manifestarse un determinado gen, pueden ser:

– Dominantes, es decir, aquellos que se expresan en el fenotipo del can.

– Recesivos, permanecen ocultos, por consiguiente no se expresan en el fenotipo del perro.

Los genes variables son aquellos que controlan algunos caracteres del cánido, como el color, longitud del manto…., realmente es el punto de partida para que el criador fije aquellos caracteres que realmente quiera que se exterioricen en el perro, conocer su dominancia es de suma importancia para lograr que se trasmitan y se manifiesten en el fenotipo del can. Téngase también en cuenta que los genes que permanecen ocultos, es decir los recesivos, pueden también manifestarse en una segunda generación filial siempre que ambos progenitores los porten.

En definitiva, conocimientos básicos en genética canina son esenciales para lograr los caracteres que realmente queremos que se incorporen en nuestros futuros cachorros, de esa manera lograremos una peculiaridad o un toque personal en la selección de nuestros cánidos: además, un trabajo planeado o meditado supone conseguir ejemplares que difieran considerablemente de otros de la misma raza, es lo que se conoce como líneas de trabajo; incluso con observar al perro, sabremos, en muchas ocasiones, identificar la línea de trabajo a la que pertenece el animal.

Para conseguir resultados óptimos se recurre a diferentes tipos de selección, bien a través de cruces abiertos al alzar, o bien entre ejemplares con relaciones parentales, esto último es lo que se conoce con el término inbreeding y que desarrollaremos más ampliamente a medida que publiquemos artículos sobre genética canina.

Todo ello sin olvidar la importancia de la selección en aquellos casos que se pretende evitar caracteres indeseables, por ejemplo, anomalías que en muchas ocasiones suelen traducirse en patologías frecuentes en muchas razas de perros.