Mi perro me muerde: el escalón final de una cadena de comunicación

Mi perro me muerde

Adoptar un perro implica el conocimiento del animal y el desarrollo de la interpretación de sus señales y mensajes. Cuando tiene gestos considerados agresivos, se trata de mensajes que hay que interpretar. Los estudios consideran que ningún can es agresivo por naturaleza, solo establece condiciones que responden a sus instintos. Por esta razón es importante traer a colación esta interesante temática sobre: mi perro me muerde.

Si eres de los que constantemente dice “mi perro me muerde”, tienes que intentar determinar qué cosas estás haciendo para que eso ocurre. Cuando el perro muestra los dientes, gruñe e incluso muerde, está respondiendo a un estímulo.

Es el camino regular. Cuando un perro muerde a su dueño también puede estar fallando el sistema de premio y castigo, o reprimiendo inadecuadamente lo que son conductas naturales del animal. La educación es un elemento ideal para que el perro, desde cachorro, ponga freno a sus mordidas.

Mi perro me muerde y es un cachorro, ¿qué hacer?

Es un proceso totalmente normal. De hecho, el entrenamiento canino ha desarrollado lo que se conoce como inhibición de mordida, mediante el cual el perro podrá establecer cuál es la dimensión de su mordida, para qué debe utilizarla, para qué no. Pero, es esencial que se parta de que es un comportamiento normal, ese es su mecanismo de defensa principal.

Los veterinarios recomiendan, cuando el perro muerde, quejarse con un grito de dolor. Ni castigarlo ni reprenderlo, ni mucho menos golpearlo. Estas conductas solo lograrán que el perro le tenga miedo al amo y no confianza, y en situaciones de descargas de adrenalina nadie sabe cómo va a reaccionar. Pasa igual con los perros. En situaciones de miedo extremo el can se defenderá, sea cual sea la amenaza.

Un buen ejercicio es tomar una bolita de paja y ofrecérsela al perro en la palma de la mano, o sosteniéndola con los dedos índice y medio. Si la toma con fuerza, quejarse. Volver a repetir el ejercicio hasta que el animal vaya condicionando su movimiento. Cuando lo retire delicadamente, hay que premiarlo para reforzar el comportamiento aprendido.

Otro ejercicio es jugar con él en un espacio determinado, y apenas muerda fuerte, quejarse de dolor y ordenarle que permanezca quieto. Si al repetir el ejercicio vuelve a morder, repetir el quejido y la orden y si lo hace por tercera vez, suspender el juego, dejándolo solo. Eso le enseñará que cuando muerde fuerte puede perder las actividades que le gusta hacer.

Mi perro me muerde, ¿exceso de permisividad?

Los etólogos caninos, especialistas en la conducta de las mascotas, son los más indicados para quienes se preguntan “por qué mi perro me muerde”. Estos profesionales han determinado una serie de condiciones que pudieran estar influyendo en que el perro sobrepase la confianza de su amo.

Porque todos coinciden en que, además de ser compañero, parte de la familia y amigo, adoptar un perro implica hacerle entender que hay una ‘cadena de liderazgo’ que debe seguir. Cuando en la crianza no se le deja claro quién manda, pueden producirse episodios desagradables.

El popular dicho de “perro que ladra no muerde” tiene un verdadero asidero científico. Se ha determinado que los canes que más ladran tienen una menor incidencia en los episodios en los que muerden. Se debe a que el ladrido es, justamente, un aviso, el paso previo.

Un problema de salud

La mordida del perro puede esconder un problema de salud. En animales con padecimientos crónicos, por ejemplo, algunas formas de artrosis, tocarlos en las zonas donde les produce dolor, van a desencadenar que intente morder.

Si el comportamiento no es cónsono con la conducta habitual del animal, es buena idea llevarlo al veterinario, para que descarte algún problema médico que le esté ocasionando mucho dolor y por eso reacciona de esa manera.

Si continúas diciendo “mi perro me muerde” es posible que tengas que recurrir al etólogo canino. Los animales también son sometidos a estrés y pueden desarrollar neurosis.