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Sistema digestivo del perro y conducta alimentaria

Sistema digestivo del perro
Emmanuelle Bonzami (sp.depositphotos.com)

Aunque con algunas restricciones, el sistema digestivo del perro es capaz de absorber y asimilar diversos alimentos. Sin embargo, una completa nutrición depende de factores tanto del animal como ambientales.

En las distintas porciones del sistema digestivo del perro, el alimento sufre modificaciones físicas y químicas necesarias para ser aprovechado por el organismo. Mencionaremos sus componentes y funciones, así como los distintos factores involucrados en la incorporación de alimentos.

Dieta, ración, alimento y nutriente

Para comenzar a hablar de comida y digestión, es importante comprender primero la diferencia entre dieta y ración, así como entre alimento y nutriente.

Si bien los conceptos pueden utilizarse de manera algo indistinta, lo correcto es que no significan lo mismo. Según definiciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (o FAO), cuando hablamos de dieta nos referimos al grupo de ingredientes que se incluyen en la alimentación básica del animal. Así es como los carnívoros basan su dieta en carnes y los herbívoros en diversos tipos de vegetales, etc.

La ración en cambio, está indicando la división en partes de esa dieta. Hablamos por ejemplo de ración diaria o ración de la mañana, entre otros.

Estas diferencias son importantes para los productores pecuarios o veterinarios de pequeños animales, ya que permite un lenguaje más preciso a la hora de implementar planes de consumo.

De todas formas, la diferencia más importante se encuentra en el concepto de alimento y nutriente. Para comprenderlo fácilmente, un alimento es una sustancia que puede ingerirse y es capaz de aportar nutrientes. Los nutrientes por su lado, son los componentes del alimento que aseguran las necesidades nutricionales y energéticas para la vida y desarrollo del animal.

Entonces, aportar alimento no es sinónimo de nutrir. Para que el animal se nutra deben considerarse múltiples factores: composición del alimento, procesos de cocción o conservación utilizada, interacciones entre ingredientes, estado del animal, etc.

En síntesis, debemos considerar la cantidad suministrada y la verdaderamente aprovechada por el sistema digestivo del perro.

Recorrido del alimento en el sistema digestivo del perro

Una forma práctica de explicar la anatomía y funciones del sistema digestivo del perro, es siguiendo el recorrido del alimento desde que ingresa a la cavidad bucal hasta que se eliminan sus residuos.

Cavidad bucal: masticación y salivación

El sistema digestivo del perro comienza a actuar desde que el animal percibe el alimento.

Cuando presentamos el plato con su comida, el animal comienza a salivar mucho antes de que esta llegue a su boca. Esta respuesta puede darse ante la sola observación u olfacción del alimento, o incluso cuando el perro asocia el momento de la comida con la persona que habitualmente se la ofrece. Sin ir más lejos, dicho comportamiento responde a un reflejo “condicional” o de “estímulo -respuesta” descubierto y desarrollado a comienzos del 1900 por el médico ruso Iván Pavlóv.

Una vez en la cavidad bucal, la masticación y la secreción de las glándulas salivales (parótida, mandibular, sublingual) inicia el proceso de digestión propiamente dicho. El alimento masticado se disgrega en partes más pequeñas, lo que facilita el accionar posterior de las enzimas que “recuperan” los macro y micronutrientes.

Sin embargo, debido al comportamiento ancestral de la especie, esta masticación no es del todo eficiente. Como buen carnívoro predador, el perro originalmente desgarraba su alimento con los colmillos, masticando poco para deglutir inmediatamente. Pese al cambio de dieta, la fórmula y aspecto de sus dientes no han cambiado, así como tampoco su manera de usarlos.

Deglución: faringe y esófago

Siguiendo con el sistema digestivo del perro, el alimento parcialmente digerido (bolo alimenticio) atraviesa la faringe para llegar directo al esófago, en un proceso conocido como deglución. Mediante un eficiente mecanismo en el que participan lengua, paladar blando y cartílago epiglótico, el bolo “sortea” la entrada a la laringe evitando un equivocado pasaje a las vías respiratorias profundas.

El esófago es un órgano en forma de tubo, compuesto por una capa mucosa y un exterior muscular (músculo liso principalmente y músculo estriado en su zona superior o proximal). Por movimientos de contracción involuntaria de su pared (peristaltismo), este órgano empuja eficientemente el alimento hacia la entrada del estómago.

El estómago

En el sistema digestivo del perro y otros mamíferos, el alimento sufre diferentes modificaciones físicas y químicas que contribuyen a la absorción y aprovechamiento de sus nutrientes.

En el estómago, se combinan una suerte de factores mecánicos y glandulares que profundizan el proceso de digestión. Las contracciones musculares disgregan y mezclan el alimento, mientras sus glándulas aportan enzimas (pepsina) y jugos ácidos (ácido clorhídrico) que favorecen la descomposición principalmente de proteínas.

En el abdomen, el estómago se ubica en la porción superior inmediatamente después del hígado. Su contorno refleja una estructura dilatada, con una convexidad o curvatura mayor y una concavidad o curvatura menor.

En su recorrido, se reconocen diferentes secciones cuya pared interna varía en aspecto y función. Desde su comunicación con el esófago hasta el intestino, se encuentran: cardias, fondo, cuerpo y porción pilórica. La capacidad en volumen del estómago del perro promedia los 2,5 litros (con un máximo de 6 litros).

El intestino delgado y sus glándulas anexas: hígado y páncreas

En el sistema digestivo del perro, el primero en recibir el contenido expulsado por el estómago es el intestino delgado, específicamente su primer tramo más corto llamado duodeno. En el duodeno, la digestión se vuelve óptima gracias a las secreciones provenientes de hígado y páncreas.

La porción glandular con función específicamente digestiva del páncreas, vuelca sus enzimas en la luz intestinal (amilasa, lipasa, tripsina, quimotripsina, entre otras). Estas enzimas desdoblan lípidos, proteínas e hidratos de carbono, convirtiéndolos en productos más pequeños capaces de ser absorbidos y aprovechados por el organismo.

Por su parte, en la digestión de lípidos provenientes de la dieta, la secreción biliar producida en el hígado tiene un rol fundamental. Esta secreción constituye una especie de “detergente orgánico”, que emulsiona las grasas convirtiéndolas en gotas o micelas. Dicha transformación expone los lípidos facilitando el ataque enzimático sobre su superficie.

En el perro, los conductos a través del cual llegan las secreciones de páncreas e hígado se denominan pancreático y biliar respectivamente, desembocando por separado en el duodeno cerca del píloro.

La digestión y absorción del alimento, en el sistema digestivo del perro, continúa durante su paso por el yeyuno y el íleon, las porciones restantes del intestino delgado. Este tramo del intestino es más extenso y tortuoso, y se repliega en la cavidad abdominal bajo la forma de asas intestinales.

Intestino grueso

A continuación del intestino delgado se encuentra el intestino grueso, conformado por el ciego, el colon y el recto.

El ciego se dispone entre íleon y colon, relacionándose con ellos (anatómica y funcionalmente) de forma distinta según la especie. En el perro, íleon y colon se unen por la abertura ileocólica, y el ciego se adosa por lateral comunicándose solamente con el colon a través del orificio cecocólico.

A diferencia de lo que ocurre en muchos herbívoros, el ciego del perro no cumple funciones relevantes en la digestión o absorción de los alimentos.

El colon por su parte se divide en ascendente, transverso y descendente, cambiando notoriamente su aspecto con respecto al intestino delgado.

En el perro y otros carnívoros, el colon constituye el sitio principal para la absorción del agua contenida en los alimentos. Finaliza su trayecto en el recto, canal anal y ano propiamente dicho.

Dimensiones y elementos de sostén

La longitud total del intestino delgado en el perro es de tres a cuatro veces el largo de su cuerpo. Por su parte el intestino grueso adiciona unos 65 cm en promedio. Esta longitud, y la presencia de pliegues (vellosidades) en la pared interna del intestino delgado, aseguran una considerable superficie para la digestión y absorción de agua y nutrientes.

Todas las estructuras mencionadas se encuentran unidas entre sí y a la pared abdominal a través de membranas serosas. Este grupo de membranas está formado por el peritoneo (que cubre paredes y superficies viscerales), y extensiones o repliegues de este último. Estas extensiones cambian su nombre de acuerdo al aspecto y órgano al cual se vinculan. Así es como tenemos los mesos (mesogastrio, mesocolon, mesoduodeno, etc.), los omentos (mayor y menor) y los ligamentos.

Los omentos, también llamados epiplones, son estructuras que varían en extensión uniendo dos órganos entre sí. Entre ellos se destaca el epiplón u omento mayor. Su superficie alcanza gran parte del piso del abdomen, cubriendo a modo de “delantal” desde el estómago hasta el colon.

Sistema digestivo del perro y hábitos de alimentación

El abordaje completo del sistema digestivo del perro requiere un amplio desglose en más capítulos y temas. De cualquier manera, esta descripción de sus componentes y mecanismo básico permite comprender todo lo que involucra una correcta nutrición.

Como mencionamos inicialmente, existen múltiples factores que intervienen en el proceso de asimilación de nutrientes. Estos factores pueden reconocerse como propios del animal y ambientales, estando en la mayoría de los casos influenciados mutuamente.

Dentro de los ambientales y aquellos que están netamente vinculados al manejo, interesa destacar la calidad del alimento y los hábitos de consumo.

Por lo tanto, teniendo en cuenta los conceptos mencionados al principio, debemos considerar tanto una dieta balanceada como una ración diaria adecuada en cantidad según el peso del animal. A su vez, dividir la ración diaria en dos o más ingestas, separándolas de cualquier juego o actividad física, mejorará la digestión y evitará la aparición de complicaciones asociadas.